Extensión Universitaria de La Costa – Argentina

Extensión Universitaria de La Costa: Registro documental de reflexión de prácticas (2000-2008)

Trabajo Integrador Final

Reflexión de Prácticas en Comunicación

La Plata. Año 2025

autor: Ariel Fontana

Director: Prof. Claudia Suarez Baldo

Extensión Universitaria de La Costa: Registro documental de reflexión de prácticas (2000-2008)

Trabajo Integrador Final

Reflexión de Prácticas en Comunicación

La Plata. Año 2025

Director: Prof. Claudia Suarez Baldo

Expresar una reflexión de prácticas sobre el proceso dialógico generado en el territorio costero, a partir del desarrollo del proyecto de Extensión Universitaria Áulica de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (FPyCS/UNLP), no resulta una tarea sencilla. Esta dificultad se acentúa al considerar que dichas experiencias adquirieron, en muchos casos, el carácter de “drama épico”: una forma de narración que, desde la voz de los propios protagonistas, articula conciencia histórica y colectiva, con la intención de despertar el pensamiento crítico en el espectador. (1)

Nuestra orilla: una mirada desde el territorio

Hace décadas que, en los primeros años de la educación primaria y secundaria, el relato fundacional sobre el descubrimiento de América ha tenido como protagonista central la figura de Cristóbal Colón. El 12 de octubre, se conmemora, año tras año, su viaje transatlántico, las embarcaciones, los preparativos y su supuesto arribo a la India, el rumbo lo llegó a otro destino. Así fue como este navegante genovés, desembarcó en tierras americanas. Siempre sus historias se dieron a conocer a través de sus proyectos, sus decisiones, su navegación y su desembarco y sus bitácoras. Sin embargo, raramente se habla de quiénes, a su llegada, estaban en estas tierras antes de su llegada. Quienes eran los nativos que habitaban, qué pensaban, qué sentían, cómo vivían. Es decir, los relatos escolares se han construido desde la perspectiva del que llega y no del que habita. Esta omisión histórica funciona, casi diría como una huella cultural, arraigada como un hacer dogmático que pocas veces nos hemos puesto a interpelar. Como otras tantas “sociologías silenciadas” de la que habla Boaventura de Sousa Santos. Y por esta razón, me he permitido gestionar esta analogía, para pensar la expansión de la universidad hacia territorios “periféricos” mediante las extensiones áulicas. Que, desde sus inicios, los proyectos de extensión han tenido una impronta que se caracteriza por tener el eje coyuntural puesto en el foco del esfuerzo institucional por llegar, en los docentes que viajan, en los programas académicos trasladados desde el centro hacia los márgenes. Pero ¿qué ocurre con las comunidades que habitan esos márgenes? ¿Cuáles son sus saberes, sus historias, sus modos de organizarse, sus demandas previas a la llegada de la universidad? ¿Qué vacancias se silenciaron, se ignoraron?

Desde mi experiencia como estudiante de la Extensión Universitaria de La Costa, siento que esta lógica persiste cuando se habla de la universidad pública y su vínculo con los territorios. Muchas veces se construye el relato desde la universidad como portadora del saber, que ‘llega” a comunidades como si estas fueran pasivas, carentes o en espera. Se ignora o no se le otorga una verdadera importancia -al igual que con los pueblos originarios- que en esos territorios ya hay vida, pensamiento, organización, cultura, historia.

Un enfoque comunicacional, antes de crear cualquier material educativo o realizar acciones estratégicas, es fundamental llevar a cabo una etapa de “prealimentación”. Esto implica recopilar información sobre las ideas, percepciones, experiencias y expectativas que tienen los futuros estudiantes acerca del tema o materia en cuestión. La idea es acercarse a la realidad de los destinatarios para entender cómo ven, sienten y viven esa temática desde su propio contexto.

Kaplún sostiene que cuando los docentes o comunicadores se “impregnan” de esa realidad, ajustan y modifican la manera en que presentan los contenidos, haciendo que estos sean más relevantes y significativos para los estudiantes. Además, identifican prácticas, percepciones, preguntas y vacíos en el interés o en el conocimiento de los destinatarios, lo cual permite crear materiales y textos que dialogan con ellos, en lugar de imponer contenidos desde una posición unidireccional.

Este proceso de “escuchar” al otro, antes de hablar o actuar, refleja la importancia de reconocer el “universo vocabular” y la experiencia del interlocutor. Es decir, Kaplún enfatiza que comunicar no es solo transmitir información, sino primero comprender y valorar el mundo y las experiencias del otro —los aspectos que le son significativos— para lograr una comunicación efectiva, genuina y respetuosa.

Pequeños conceptos, con grandes significados

En el marco de la comunicación social, una buena transferencia de diálogo no se limita al mero intercambio de palabras, sino que implica la posibilidad de establecer una comprensión común entre los interlocutores. Esto requiere una condición fundamental: el reconocimiento de los significados compartidos, es decir, que los participantes del diálogo comprendan los conceptos desde un marco común o, al menos, compatible. Nos aportará a la vez, poder desarrollar un buen entendimiento también con el lector.

La interpretación en conjunto como co-construcción, en la línea de la pedagogía dialógica de Paulo Freire, el diálogo no es transmisión unilateral, sino una co-construcción de sentidos. Cuando los interlocutores logran acordar que están hablando del mismo concepto, están construyendo una base común que permite avanzar en objetivos compartidos, interpretar experiencias de forma similar y coordinar acciones de manera más eficaz. Como estas tres características inherentes del diálogo, como lo es la escucha activa, la empatía comunicacional y el reconocimiento del otro como sujeto del saber.

En este largo recorrido por congresos de extensión universitaria, en nuestro país y otros de Latinoamérica, encontré dos términos que se utilizan como sinónimos: vinculación e integración. La diferencia que se establece entre ambos conceptos conlleva un contenido semántico diferente entre sí. Sin embargo, en muchas lecturas referidas a las extensiones universitarias, diferentes autores y según el momento histórico, han utilizados estos dos conceptos, refiriéndose a un mismo sentido. A menudo encontraremos muchas veces el término vinculación, cuando nos referimos a los objetivos de los proyectos de extensión, mientras que el término que debería prevalecer debería ser integración. Y la diferencia consiste en que cuando decimos que vamos a vincular a la universidad con la comunidad, bien puede implicar: establecer contacto, generar redes, compartir experiencias, sin modificar necesariamente la estructura institucional ni la de la comunidad. Mientras que el término Integrar, significa que la comunidad participa activamente en los procesos académicos, de manera que transforma e incorpora saberes en el marco institucional, en la que la universidad gestiona su desarrollo con la comunidad y no por la misma.

Otra diferencia significativa entre otros dos conceptos como “el conocimiento y el saber”, términos que los podemos ubicar dentro del campo semántico diferenciado, pueden parecer equivalentes, o que pertenecen a campos semánticos que no se superponen totalmente. A veces se solapan, pero no son intercambiables en todo contexto. Así, “saber” puede ser más experiencial o cultural, mientras que “conocimiento” es más racional o institucional (Teoría). En ciencias sociales, especialmente en el análisis crítico del discurso y en la teoría crítica, se dice que ciertos conceptos son nociones en disputa (contested concepts, como diría W. B. Gallie). Se parecen, pero su sentido está en tensión, porque distintos marcos teóricos los definen de modo distinto.[1]

Saberes y conocimientos, se entrecruzan en esta narrativa, operan y atraviesan el sentido de este registro documental, que aconteció en el Partido de La Costa, entre los años 2000 y 2008.

Foucault, refiere una puesta en valor de saberes que no han sido legitimados por la estructura universitaria centralizada. Que son saberes construidos en el territorio, en la praxis y en la interacción comunitaria, que desafían el monopolio del conocimiento académico.

Desafío que se genera desde un saber situado en el territorio, que se nutre del bagaje de conocimientos académicos, que utilizamos para interpelar y dialogar sobre las prácticas extensionistas con la comunidad.

Reconocimiento: Poder simbólico

Teóricos academicistas, han puesto su mirada, en la perspectiva asimétrica que se da, entre la universidad y la comunidad, vinculada al modo en que los agentes sociales otorgan legitimidad a ciertas formas de capital, normas o jerarquías, también reconocidas como poder simbólico. La noción de reconocimiento en Pierre Bourdieu ocupa un lugar central en su teoría del poder simbólico, y puede entenderse como un mecanismo fundamental en la reproducción de las relaciones sociales. A diferencia de enfoques que asumen el reconocimiento como un acto puramente moral o voluntario, en Bourdieu tiene una dimensión estructural, relacional y práctica sin cuestionarlas explícitamente.

El reconocimiento es el proceso por el cual una práctica, posición o discurso es validado socialmente, sin que necesariamente los individuos sean conscientes de ello. Es una forma de complicidad estructural cuando el poder simbólico opera solo si es reconocido como legítimo, es decir, si los dominados lo aceptan sin ver claramente su arbitrariedad. Este reconocimiento no es siempre racional o explícito, sino incorporado a través del habitus, en prácticas cotidianas que tienden a reproducir el orden social.

En el Partido de La Costa, el poder simbólico, predominó mucho en la comunidad costera, desde las instituciones gubernamentales, los medios de comunicación tradicionales, las escuelas primarias y secundarias, con una arbitrariedad, diría dogmática. Con batallas culturales que se originaban por la migración constante de quienes venían a vivir a la Costa, de familias que venían temporalmente con proyecciones laborales para un mejor bienestar y después de un corto tiempo, por diferentes razones regresaban a su lugar de origen. También había (y las sigue habiendo), personas que llevaban más de dos décadas como residentes y como se dice popularmente en La Costa: “Nunca desarmaron sus valijas”. Viven muchos años en esta zona costera y no consolidan su pertenencia al lugar. Otra de las preguntas que se realizan con inocente apariencia es: “Cuánto hace que vivís en La Costa?”. Sin embargo, es otra manera de jerarquizar con el tiempo de permanencia, un poder simbólico, que representa “cierta” autoridad sobre la comunidad.

En este sentido, el reconocimiento simbólico está profundamente relacionado con los capitales sociales, culturales y simbólicos. Por ejemplo, la escuela puede imponer formas legítimas de conocimiento que solo ciertos grupos pueden reconocer y dominar, lo que produce y reproduce desigualdades bajo la apariencia de neutralidad o mérito. Lo mismo ocurre con muchas instituciones que están subsidiadas por el gobierno local de turno. Como es nuestro caso con la mayoría de las instituciones y centros culturales que debían mantener sus membresías con asociados existentes en las actas constitutivas, y que a la vez participen en las mismas.

Bourdieu también plantea que las luchas sociales —por ejemplo, las de los sectores populares, las comunidades periféricas o los actores de la extensión universitaria— pueden entenderse como luchas por el reconocimiento, es decir, por el derecho a definir qué saberes, prácticas o trayectorias son legítimos. Reconocer, entonces, no es solo “ver” o “aceptar”, sino disputar el poder de nombrar y validar dentro de un campo determinado.

Esta noción nos permite pensar, cómo las experiencias de extensión universitaria de La Costa no sólo llevaron contenido académico a un territorio, sino que también implicaron una disputa por el reconocimiento simbólico de sujetos, territorios y saberes históricamente subalternizados. No fue nada sencillo trabajar en los medios de comunicación tradicionales de La Costa. En su mayoría ofrecían resistencias, de las que hubo medios radiales cuya línea editorial era dogmáticamente indiscutible. En los primeros años, los estudiantes de la extensión universitaria ocupaban muy pocos lugares para sus prácticas, como también lo fue para los medios gráficos del lugar. Aunque con el tiempo todo fue cambiando para bien, muchos medios siguieron aferrados a mantener programas de contenido político partidario, según sus anunciantes, incluido el gobierno de turno con las pautas publicitarias. Dar la palabra a estos protagonistas es también intervenir en la producción de legitimidad, desafiando jerarquías implícitas en la cultura académica.

Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, este proceso puede analizarse en términos de poder simbólico, es decir, como la capacidad de imponer significaciones que son reconocidas como legítimas sin necesidad de recurrir a la coacción directa. El poder simbólico actúa sobre los esquemas de percepción y valoración social: “ese poder invisible que no puede ejercerse sino con la complicidad de los que no quieren saber que lo sufren o que lo ejercen”. (Bourdieu, 1997, p. 97). Es, en este sentido, un poder que se basa en el reconocimiento, no en la fuerza.

La extensión universitaria de La Costa, en territorios periféricos, como un proyecto áulico, no puede comprenderse sólo como una política educativa o de integración territorial. Trasciende una mirada más profunda, una lucha por un reconocimiento simbólico de sujetos, saberes y geografías históricamente subalternizadas, que habían sido excluidas de los circuitos de legitimación del conocimiento académico, con acceso libre, público y gratuito. Pasó mucho tiempo, para entender que la llegada de la extensión universitaria de La Costa no era un curso de periodismo que brindaba la FPyCS para quienes querían mejorar su actividad vinculada a los medios de comunicación existentes en el lugar. Este proceso comenzó desde el interior de la extensión hacia la comunidad costera, que tenía legitimados los medios de comunicación tradicionales, cuyos propietarios se resistían en un principio a proporcionar espacios a los estudiantes de periodismo para desarrollar sus prácticas.

Aplicado al campo educativo, este concepto revela cómo las instituciones académicas suelen funcionar como espacios de consagración simbólica, donde se validan ciertas formas de capital cultural —lenguajes, trayectorias, modos de saber— y se deslegitiman otras. Los saberes locales, las experiencias comunitarias o las trayectorias de vida de sectores populares no son, en general, reconocidos como legítimos dentro del campo universitario. Podemos decir, que la llegada de la universidad, en formato de proyecto de extensión áulica, al Partido de La Costa, no puede pensarse solo como un “acercamiento físico” sino como una intervención en la economía simbólica del territorio.

Cuando los estudiantes, docentes y referentes del Partido de La Costa participan activamente de la producción académica y son reconocidos como sujetos válidos de saber, se transforma la relación de poder entre centro y periferia. En ese proceso, la producción de legitimidad no es un efecto colateral, sino un eje central: se redefine qué conocimientos son valiosos, quiénes pueden producirlos y desde dónde. La experiencia se convierte así en una escena de transformación simbólica, donde los subalternos dejan de ser meros receptores y pasan a ser agentes de reconocimiento recíproco, tanto hacia el saber académico como hacia sus propias prácticas.

Este proceso se inscribe en lo que Bourdieu llama “lucha por la legitimidad simbólica” dentro de un campo, una lucha que no se da solo con argumentos, sino con formas de estar, hablar, ocupar espacios y narrar la propia experiencia (Bourdieu, 1997). Por ello, el trabajo de extensión áulica no sólo implica una política educativa sino una política del reconocimiento, donde la universidad se descentraliza y es interpelada por los saberes del territorio.

Una analogía que provoca otra mirada

Esta analogía entre el relato de Colón y el de la universidad, sobre los proyectos de extensión, es interpelar el relato hegemónico que debemos transformar, no en una acción de puja sino de integración. En ambos casos, el poder instituido relata los hechos desde la óptica del que se considera a sí mismo protagonista, negando u ocultando la existencia de los otros. La Extensión Universitaria Áulica que viví, sentí, cursé, transité y experimenté, no fue solo un ‘desembarco’ de la universidad, sino también un proceso donde los que allí habitábamos, con convertimos en estudiantes, docentes, investigadores de una comunidad construimos y transformamos con conocimientos de forma colectiva y entrelazando saberes.

Voy a comenzar y desarrollar este Trabajo Integrador Final desde esa otra orilla, desde nuestra orilla, reconociendo la historia de quienes ya estaban, y desde allí, pensar nuevas formas de narrar lo que llamamos Extensión Universitaria de La Costa, desde el año 2000 al 2008. Que fueron los años en donde hubo más actividad académica.

En mi caso, fui uno de los aproximadamente 350 estudiantes inscriptos del Partido de La Costa, para comenzar las clases en el año 2000, que vivimos ese “desembarco universitario”. En principio, fuimos espectadores, luego protagonistas, aunqueya habitábamos en el territorio, con nuestras trayectorias, nuestras luchas, nuestras prácticas comunitarias y nuestras búsquedas de sentido. La llegada de la universidad a nuestra región no fue un “descubrimiento” de un lugar a donde había que llegar con la educación superior, sino que la llegada de la extensión universitaria a La Costa fue un encuentro complejo, cargado de tensiones, desafíos, emociones y también de expectativas puestas en un enorme potencial transformador. Bien vale contarlo desde el territorio costero, como un disparador hacia otros territorios que desde la experiencia que aportan, pueden abrir nuevos caminos, dejando huellas indelebles de saberes y conocimientos.

Este Trabajo Integrador Final se propone aportar a esa reconstrucción. Desde mi lugar como estudiante y partícipe activo de la Extensión Universitaria Áulica de la UNLP en el Partido de La Costa entre 2000 y 2008, recuperar las experiencias vividas, los saberes compartidos, las estrategias desarrolladas para sostener una presencia académica en un territorio en el que el paso de la educación superior académica ha dejado un antes y un después bien definido.

La analogía de la llegada de Colón no busca simplificar la historia ni establecer equivalencias directas. Más bien, intenta mostrar cómo las formas de contar lo que ocurre tienen efectos de poder, y cómo ciertos relatos tienden a reforzar el lugar central de las instituciones, sin minimizar o silenciar las voces de quienes habitan los márgenes. Así como durante siglos se repitió la historia del navegante sin preguntarse por los pueblos que lo recibieron, también se ha construido una narrativa institucional que exalta la llegada de la universidad sin detenerse en quienes ya estaban allí, resistiendo, deseando, construyendo comunidad y saber.

Al elegir esta perspectiva, no solo doy cuenta de una trayectoria personal, sino que me posiciono políticamente en el campo de la comunicación y la educación: reivindico la necesidad de construir relatos que reconozcan la existencia previa y activa de los sujetos, territorios y saberes históricamente subalternizados. La Extensión Universitaria Áulica, en este sentido, no es solo una política educativa, sino una oportunidad para descolonizar el conocimiento, para crear nuevos vínculos entre universidad y comunidad, para producir legitimidad desde abajo.

Contar esta historia desde el territorio, no sólo implica hablar en primera persona, sino también abrir espacio a otras voces. Por eso este trabajo se propone recuperar experiencias, sistematizar procesos, y dejar registro de una construcción colectiva que permitió que muchos —como yo— pudiéramos estudiar, pero también pensar la universidad desde otro lugar: desde la otra orilla.

Desembarco del proyecto de extensión universitaria al Partido de La Costa

“En prueba de conformidad y a un solo efecto, se firman dos ejemplares de un mismo tenor, en la ciudad de La Plata a los 29 días del mes de septiembre de mil novecientos noventa y nueve.” Así estaba redactado el convenio marco, con las correspondientes las firmas del Presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Ing. Luis Julián Lima y del Dr. Guillermo Arturo Magadan, Intendente del Municipio de La Costa. Este es el acto protocolar y legal en donde se materializa la llegada del proyecto de extensión universitaria a nuestra región costera. Por primera vez teníamos una educación superior académica, libre, pública y gratuita. Y no se trataba de un hecho fortuito. No creo en las casualidades, la evidencia está siempre en las causalidades.

Es interesante conocer cómo se gestionó la idea de traer un proyecto de extensión universitaria al Partido de La Costa. Cómo los residentes costeros pasamos a tener la posibilidad de podernos integrar en los objetivos políticos que partían de una Universidad Nacional y luego de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Como lo mencioné anteriormente, no fue tarea de la casualidad, sino que las causalidades se fueron ajustando en nuestra dirección. Muchas veces no se toma una verdadera dimensión, no sólo de la importancia que implica o conlleva un proyecto de extensión universitaria en su desarrollo, sino que tampoco se tiene en cuenta, los intereses que se generan entre protagonistas y espectadores del lugar. Estudiantes que vislumbran este acontecimiento, como novedad y la satisfacción de saber que es posible cumplir un sueño postergado, limitado por la distancia, la economía y el desarraigo. Docentes, que se van a encontrar con una proyección en su carrera y su práctica, con resultados en investigación, experiencias y nuevos saberes. Una comunidad que comienza a tener y apropiarse de profesionales formados en su territorio. Políticos que se sirven para alimentar su capital discursivo y sumarse un rédito que no es de ellos, pero que aprovechan muy bien cuando lo tienen en sus manos. Sin embargo, el concepto de extensión universitaria sigue dando giros semánticos a su aplicación y desarrollo. Saussure propuso entender el signo lingüístico como una entidad psíquica compuesta por dos caras inseparables: el significante y el significado. El significante es la imagen acústica, es decir, la secuencia de sonidos (o en forma escrita, de letras) que conforma una palabra. El significado, por su parte, es el concepto o la idea mental que esa secuencia evoca. Escuchar la palabra extensión universitaria, para los 265 inscriptos, quienes habíamos tomado el curso nivelatorio en febrero del 2000, seguía siendo un significante. Muy pocos estudiantes conocían su significado tal como lo concebimos culturalmente. A la distancia hasta nos resulta jocoso, recordar inclusive, que la palabra “curso” nos habitó por mucho tiempo, por más de medio año. Estábamos estudiando el curso de periodismo y en la lejanía se hallaba la Comunicación Social. Recién cuando entramos de lleno con las cátedras de Análisis de la Información, Opinión Pública, entre las pocas que cursamos en primer año, la mayoría de los estudiantes comenzamos a entender que teníamos los mismos derechos, que aquellos que asistían a la sede de la facultad en la ciudad de La Plata. Uno se puede llegar a preguntar: ¿No les enseñaron en la cursada nivelatoria qué era una extensión universitaria?  ¿Qué derechos teníamos como estudiantes? ¿Qué significaba la libreta universitaria? La respuesta es sí, lo dijeron. Hoy me pregunto: ¿Lo entendimos? La respuesta es: ¡Y… la mayoría no!

 Y claro que depende de nosotros, quienes nos estamos formando -proceso dinámico que no se detiene- en comunicación, de dar esa batalla en contra de lo supuesto y a favor de dialogar sobre la dicotomía que provoca la duda: el conocer y el saber que es una extensión universitaria. Y para ello, nos debemos introducir conceptualmente en dos perspectivas que se proyectan en el afuera de la universidad o también llamados extramuros académicos. Estos serían los proyectos de extensión universitarios desde la propia universidad y los proyectos que desarrollan las facultades. Poder interpelarnos a través del conocer y entender los objetivos sobre este tema desde la perspectiva de la Universidad de La Plata y la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Qué se tiene en cuenta para la creación y el desarrollo de estos objetivos y cuál es el vínculo y relación que se establece por fuera del ámbito académico tradicional.

Si leemos con detenimiento y abordamos este tema desde muchas perspectivas atravesadas por el pensamiento crítico latinoamericano, encontraremos autores como Paulo Freire, aunque no menciona el término “extramuros”, se refiere a la educación popular como una ruptura entre el saber académico y el saber popular. Su propuesta de diálogo horizontal entre universidad y comunidad motiva prácticas de extensión. Una frase de freire que menciona en libro, Pedagogía del oprimido dice que nadie educa a nadie, nadie se educa solo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo. Boaventura de Sousa Santos, es más directo y desarrolla la noción de epistemologías del Sur, promoviendo el reconocimiento de saberes no hegemónicos y una crítica a la monocultura del saber académico. También va a hablar del “aula sin muros” y de la “ecología de saberes”, conceptos que se vinculan directamente con la idea de llevar la universidad fuera de sus fronteras físicas e ideológicas. Tal vez su frase clave es cuando menciona en su libro Descolonizar la universidad: “No hay justicia social global sin justicia cognitiva.”  Y continúa diciendo que identificar la línea abisal es el primer paso para superarla, ya sea a nivel epistemológico o político. Identificar y evidenciar la línea abisal permite la apertura de nuevos horizontes con respecto a la diversidad cultural y epistemológica del mundo. Y seguiré insistiendo en las causalidades, porque allí siempre voy a encontrar evidencia. Cómo puedo pensar un proyecto de extensión universitaria si no valoro los saberes conseguidos en la lucha epistemológica por descubrir que hay en entrelíneas, que llevan implícitos los objetivos que nos proponen. O debería creer -y no dije pensar-, que los saberes dominantes académicos están lejos de las exclusiones causadas por el poder capitalista, colonialista y patriarcal. Es una forma de interpelar e identificar esa línea abisal que menciona Boaventura.

El Partido de La Costa y su contextualidad

Ubicado en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, fue oficialmente creado el 1º de julio de 1978 mediante la Ley Nº 9024, durante el último gobierno de facto en la República Argentina. Esta ley estableció la creación de «Municipios Urbanos» con el objetivo de fomentar el desarrollo turístico en áreas costeras. Su primer nombre fue “Municipio Urbano de La Costa”. A partir de la división del Partido de General Lavalle, este nuevo municipio se formó junto a 14 balnearios y su cabecera se estableció en la localidad de Mar del Tuyú. En 1983, debido a problemas jurídicos relacionados con la ley electoral, los «Municipios Urbanos» fueron transformados en partidos, de allí pasó a denominarse “Partido de La Costa”. Ese mismo año, Juan de Jesús fue elegido como el primer intendente del Partido de La Costa por el Partido Justicialista.

El Partido de La Costa tiene características que nos distinguen de otros territorios. Poseemos una diversidad cultural que oscila desde varias miradas interdisciplinarias como etnográficas, demográficas, geográficas, que sería, además tema, para realizar tratados sociológicos y antropológicos de un lugar que tiene 90 km de largo por un promedio de 3 km de ancho, con el Mar Argentino al este y una franja rural al oeste, que pertenece al Partido de General Lavalle. Esta municipalidad de la provincia de Buenos Aires, conformada por 14 localidades, está atravesada a lo largo por la ruta interbalnearia.  La comunidad ha determinado culturalmente -se desconoce desde cuándo-, dividir sus playas en zonas Norte, Centro y Zona Sur. Las primeras localidades datan aproximadamente de 85 años, en los que los agrimensores comenzaron a trazar sus calles para comenzar con la urbanización del lugar. Ya posee en su haber su quinta generación de pioneros, con un pronunciado dinamismo de migrantes, una población residente de aproximadamente 150.000 habitantes y uno 3 millones de turistas que pasan por allí en los meses de verano. Estas características, convierten al lugar en un sitio diferente a los demás.

Realizar un registro documental sobre una reflexión de prácticas, trasciende muchas teorías que podemos llegar a utilizar, ya sea por la metodología de la sistematización de experiencias, sólo por tratarse de experiencias que los sucesos nos fueron aportando y que en cada lectura que realizamos de las producciones nos propone nuevos saberes, nuevos entendimientos que nos ayudarán a seguir transformando el campo de la comunicación/educación.

Boaventura dice en su libro “Descolonizar la Universidad”, que recuperar los conocimientos suprimidos, silenciados y marginados requiere participar en lo que denominó la “sociología de las ausencias”. La llegada del conocimiento académico a nuestra zona costera nos permitió meternos y comprometernos con este tipo de conocimientos suprimidos, silenciados y marginados. Son muchas las luchas que nos atraviesan, incluyendo las luchas que no nos hemos dado, aún. Tampoco se trata de una lucha épica en contra de la universidad, por el contrario, se trata de generar un proceso dialógico, basado en la escucha, en el intercambio colectivo de ideas y opiniones que nos debemos con ese espacio académico intramuros. Construir y contribuir al saber popular, al reconocimiento de la copresencia como herramienta de resistencia contra la opresión hegemónica tradicional.

Hay muchas producciones que realizamos y realizaron otros estudiantes de la extensión universitaria que surgieron de mecanismos silenciados y marginados que pusieron luz sobre oscuridades resistidas. La llegada de la extensión universitaria al Partido de La Costa movilizó sentidos en todas sus direcciones. Fueron muchos años, de acontecimientos que estuvieron allí, bajo la alfombra tapada de mar y arena. Reconocemos, sin embargo, que el saber académico, nos ha brindado muchas herramientas que desconocíamos, y ha sido la Universidad la que propuso el “cómo”, cuando la comunidad, a través de los estudiantes aportó el “qué”.   

Medios de Comunicación locales: Un poco de historia

La aparición temprana, de la comunicación a través de un medio, fue la propagadora, que transmitía a través de un megáfono y una bocina colocada en el techo de un automóvil, que recorría las calles de las localidades costeras con anuncios publicitarios de productos y anuncios de diferentes eventos. Con el tiempo, se fueron instalando pequeños parlantes en locales comerciales, conectados por cables que provenían de una central. Se trataba de miles de metros de cables de cobre fino, que atravesaban la ciudad. Hasta que comenzaron a instalarse las antenas de trasmisión por onda larga y onda corta y allí nacieron las primeras emisoras de radio locales de Frecuencia Modulada (FM) y una con Amplitud Modulada (AM). Así también, las emisoras de radio con alcance nacional se instalaban en épocas veraniegas para atraer al turismo a esta zona costera.

Al final de la década del ’90, en el Partido de La Costa, los medios de comunicación ya se encontraban en plena actividad periodística a nivel local, provincial y nacional. En el año 1980, el 2 de junio el Diario Pionero impreso en papel en formato tabloide, se lanzaba al público con ediciones de 32 páginas, que cubrían la región Este de la provincia de Buenos Aires.

El 7 de junio de 1996, Día del Periodista en Argentina, de la mano de Mariano A. Bobryk, nació Expreso de La Costa, que adoptó su nuevo nombre y definitivo dos meses después, por el de Diario Opinión de La Costa. Con el objetivo de informar a la comunidad del Partido de La Costa y fomentar un sentido de pertenencia regional.

La primera redacción funcionó en San Bernardo, y las reuniones de planificación se realizaban en el restaurante “El Molino” de Mar de Ajó.

A pesar de los pronósticos negativos, el diario creció rápidamente y en su primer año pasó de ser un semanario a un medio de aparición diaria. En ese contexto, se sumó la emisora FM Opinión 104.7 y, más adelante, Canal 9 de La Costa, gracias a la Ley de Medios y al marco que brindó el AFSCA.

La trayectoria del medio no estuvo exenta de amenazas ni atentados: en 1997, en medio del impacto nacional por el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, Opinión sufrió un ataque con una bomba molotov. El diario consolidó su lugar como medio de referencia regional y provincial, incorporando una versión digital que amplió su alcance más allá de la Costa Atlántica.

Como podemos observar, la televisión por cable en el Partido de La Costa comenzó a desarrollarse a finales de la década de 1980 y se consolidó en los años 1990, en un contexto de crecimiento poblacional estacional y turístico. Generaron la necesidad de contar con un sistema que ofreciera mejor recepción y contenidos propios.

El crecimiento del turismo en ciudades como San Bernardo, Mar de Ajó, Santa Teresita y San Clemente del Tuyú impulsó la demanda de servicios culturales y comunicacionales. En este marco, la televisión por cable apareció como una solución tecnológica y una oportunidad para el desarrollo de medios de comunicación local. Poco a poco, algunos de estos comenzaron a producir contenido local, como noticieros, programas deportivos, culturales y comunitarios.

En la década de 1990 surgieron canales como Canal 2 ATCCO de San Clemente, Canal 2 AVC en Santa Teresita y Canal TVC5 y Canal 11 en Mar de Ajó y otros canales comunitarios que servían como referencia informativa para los habitantes permanentes y temporales del distrito. Estos medios jugaron un rol clave en la construcción de identidad local y memoria comunitaria.

La televisión por cable fue, durante muchos años, el único medio audiovisual con programación local en tres localidades del Partido de La Costa. En Zona Norte, en la Ciudad de San Clemente la empresa ATTCO que, a nivel histórico-comunicacional, ha sido clave en la configuración del espacio mediático local, tanto por su canal de TV regional como por su rol como productora y contenido de material audiovisual.  Con un fuerte impacto en la construcción de ciudadanía, especialmente en lo que respecta a la cobertura de problemáticas sociales, actividades culturales y deportivas, fiestas populares, y noticias municipales. Algunos programas tenían un enfoque en el folclore y la tradición, e incluso en ciertos períodos se transmitieron contenidos vinculados a instituciones tradicionales y culturales, educativas y eventos campestres. Lo que permitió acercar el conocimiento a sectores alejados geográficamente del centro comunitario costero.

Génesis: llegada de la Extensión Universitaria al Partido de la Costa

No fue sencillo dar con la verdadera versión, por el cual el proyecto de extensión universitaria se llevó a cabo en el Partido de la Costa. Entre las entrevistas que tuve que realizar, para hallar ese origen, me encontré que todos los caminos que me conducían al “desembarco” del proyecto en la región costera, tenía una participación directa y concreta de diferentes protagonistas. Por un momento dudé, si debía exponer este tipo de anécdotas, si actuar como historiador, como investigador, si debía o no escribir desde un enfoque más narrativo o documental. Al final tomé la decisión de incorporar estos relatos, porque también abona al acervo cultural, a ese al conjunto de bienes, valores, conocimientos, tradiciones, saberes, costumbres, creencias, prácticas y símbolos que una comunidad o sociedad ha acumulado, preservado y transmitido a lo largo del tiempo. Este acervo no se limita solo a lo material (como libros, monumentos o artefactos), sino que también incluye elementos inmateriales, como la oralidad, los rituales, las formas de convivencia y las expresiones cotidianas.

El propósito es registrar hechos y procesos como también lo haría tradicionalmente un historiador o cronista. No puedo dejar vacante, un hecho que está anclado en un proceso cultural, a un hecho que pasó y que no tuvo uno o dos protagonistas, sino que los actores sociales intervinientes fueron muchos. Y cada uno tiene atesorado en su memoria, el recuerdo de su participación directa o indirectamente, de cómo pasamos de pertenecer a una región costera que no tenía una educación superior académica (Pública, libre y gratuita), a estar sentados frente a un profesor que nos dictaba la cátedra de Comunicación y Medios, convirtiéndonos en estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social. Para muchos era soñar despiertos, para otros significaba un plan de vida, un comienzo que tal vez no sabíamos en que, ni mucho menos, en cómo terminaría.

En una charla informal con el Lic. Jorge Castro, me contaba cómo había llegado el proyecto de extensión universitaria al Partido de La Costa. Un año antes de comenzar el milenio, Castro era el titular de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Periodismo y Comunicación de La Plata, en la gestión del Per. Carlos Guerrero como decano de esta casade altos estudios. A su vez fue el responsable de llegar a un acuerdo y firmar un convenio marco con el intendente radical, Guillermo Magadan. Cuenta que en el año 1999 un periodista de La Costa, le escribe un mail preguntándole si se podía hacer un curso de capacitación para periodistas costeros. La facultad venía gestionando proyectos y programas de expansión del conocimiento mediático y en la zona costera, había propietarios de medios tradicionales del lugar junto a otros trabajadores de prensa interesados en una formación de la Facultad de Periodismo. Así fue cómo se fue gestando la llegada de la extensión universitaria al Partido de La Costa. La respuesta de Jorge Castro fue que lo consultaría con el decano Per. Carlos Guerrero. La idea y objetivo de una charla informal, se convirtió en un curso de capacitación que se realizó en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 89 “René Favaloro”, de Mar de Ajó. Fue una breve jornada, a la que asistieron un número importante de trabajadores de prensa local y una vez finalizado el curso, se acerca el secretario de prensa municipal Rubén Rubinstein, que en aquella oportunidad había ido a acompañar al intendente radical Dr. Guillermo Magadan para la apertura del evento, le comenta que estaba invitado a visitar el despacho del jefe comunal costero para charlar sobre qué otras actividades se podían realizar con la Facultad de Periodismo.

Una mirada interesante de reflexionar sobre cinco preguntas realizada a más de 30 estudiantes de la extensión Universitaria de La Costa, en donde expresan sus particularidades y en sus respuestas analizo que nos atraviesa al momento de recordar que allí nos formamos para ser profesionales.

Resumen de los puntos en común (respuestas agrupadas por pregunta)

1. ¿Qué reflexión te deja el volver a releer una nota o recordar una participación periodística tuya realizada mientras estudiabas en la Extensión Universitaria de La Costa?

  • Valorización del recorrido académico: Se destaca el orgullo por los logros personales y colectivos, así como la evolución profesional y formativa.
  • Impacto emocional positivo: Las memorias evocan gratitud, satisfacción y una conexión emocional con la etapa vivida.
  • Desarrollo de pensamiento crítico: La experiencia permitió construir una mirada crítica sobre la realidad, sobre todo desde lo político y social.
  • Valor del trabajo en equipo y el rol formativo: Se reconocen aprendizajes a través del trabajo colaborativo, el ejercicio del rol periodístico, la corrección y la reflexión crítica.
  • Proyección profesional: En algunos casos, las experiencias periodísticas sentaron bases para desarrollos actuales en el campo de la comunicación.
  • Sentimientos positivos y de orgullo: La mayoría de los entrevistados recuerdan sus trabajos universitarios con sentimientos de gratitud, orgullo y como recuerdos gratos.
  • Evolución y crecimiento profesional: Varios reconocen una evolución en su escritura y pensamiento crítico gracias a la formación. Consideran que esas experiencias fueron la base para su trabajo actual como comunicadores.
  • Desarrollo de una mirada crítica: Se destaca la capacidad de analizar situaciones para «romper con el orden de lo establecido» y formar un punto de vista propio y crítico.
  • Valoración del trabajo en equipo: Se menciona la importancia del trabajo en equipo que se generaba para producir los periódicos y el valor de recibir críticas constructivas de pares y docentes.

2. ¿Qué significó cursar en esta Extensión Universitaria?

  • Crecimiento integral: Hubo un fuerte impacto en lo cognitivo, social, emocional y cultural.
  • Accesibilidad territorial: La cercanía geográfica fue determinante para el acceso a la educación superior.
  • Superación personal: Estudiar implicó un desafío que reforzó la autoestima, el manejo del tiempo, y el compromiso.
  • Apertura de horizontes: Fue una experiencia de apertura mental y formación en pensamiento crítico.
  • Continua trayectoria académica: Varias personas continuaron luego con otras carreras, posgrados o están en proceso de finalización de estudios iniciados.
  • Oportunidad de crecimiento y superación: Los entrevistados coinciden en que la Extensión representó una oportunidad de crecimiento personal, enriquecimiento cognitivo, social y cultural.
  • Ampliación de la perspectiva: Se describe la experiencia como una que les «abrió la cabeza» a temas desconocidos y les permitió debatir y encontrar nuevas perspectivas a partir de las lecturas.
  • Acceso a la formación superior: Un punto clave fue la cercanía de la institución, que facilitó el acceso a estudios universitarios y les permitió iniciar un camino de formación superior que algunos continúan en la actualidad.

3. ¿Podrías haber cursado una carrera Universitaria, si no hubiese estado esta Extensión?

  • Mayoría responde que no: La falta de recursos económicos, la necesidad de migrar o la imposibilidad de dejar a sus familias eran barreras insalvables sin la Extensión. No podrían haber cursado una carrera universitaria si la Extensión no hubiera existido en su localidad. Las principales barreras habrían sido la necesidad de migrar y la falta de solvencia económica.
  • Algunas excepciones: Algunos mencionan que podrían haber cursado, pero reconocen que hubiese sido más difícil y probablemente no en Comunicación Social.
  • Factor clave de accesibilidad: Para todos, la cercanía fue un factor que facilitó enormemente el acceso. Uno de los entrevistados cree que, aunque hubiera podido estudiar, habría sido más difícil y probablemente habría elegido otra carrera.

4. ¿Qué crees que le faltó a esta Extensión Universitaria?

  • Falta de continuidad y proyecto a largo plazo: Un punto crítico fue la falta de un proyecto que brindara continuidad a las carreras y el poco compromiso político de la municipalidad para garantizar su permanencia en el tiempo. Se remarca la falta de un proyecto a largo plazo que asegurara su permanencia y el ingreso de nuevos estudiantes.
  • Mayor inserción comunitaria: Se plantea la necesidad de una conexión más activa con la comunidad costera, para impactar también en lo social y lo laboral.
  • Apoyo político sostenido: Se señala la falta de compromiso político (principalmente de actores locales) para garantizar la sostenibilidad del proyecto.
  • Oferta académica ampliada: Algunos expresan que hubiese sido valioso sumar posgrados o más carreras.
  • Otros no encuentran faltantes: Para algunos, la Extensión fue suficiente y profundamente transformadora.
  • Mejorar la inserción en la comunidad: Se mencionó que faltó un mayor vínculo de inserción social y cultural con la comunidad local, lo que podría haber mejorado las oportunidades laborales para los egresados.

Opiniones divididas: No hubo un consenso total en este punto. Mientras unos señalan aspectos a mejorar, otros consideran que a la Extensión no le faltó nada y que fue una oportunidad que generó cambios profundos en quienes la aprovecharon.



[1] Walter Bryce Gallie (1912–1998), fue un filósofo escocés destacado en el campo de la filosofía política, la teoría del lenguaje y la estética. «Conceptos esencialmente controvertidos» (Essentially Contested Concepts, 1956)

Continúa este TIF… en breve seguiré agregando sobre este trabajo académico.

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